Subcampeón de Serie A, cuartos de Champions y Supercopa: el balance de la temporada de despedida de Conte

El fútbol italiano despide a uno de sus técnicos más carismáticos y exitosos de la última década. Antonio Conte ha cerrado su etapa en el Nápoles tras dos temporadas que pasarán a la historia del club partenopeo, pero que también dejan un regusto agridulce. El entrenador salentino, que llegó para rescatar a un equipo hundido tras el scudetto de 2023, se marcha con un palmarés envidiable pero con la sensación de que el proyecto pudo haber dado más de sí. Los aficionados que visten las camisetas napoli 25 26 han sido testigos de una montaña rusa emocional: desde la gloria del scudetto hasta la frustración de una Champions que se escapó demasiado pronto. ¿Merece la pena hacer balance? Por supuesto. Desglosemos cada competición, cada cifra y cada momento que definieron esta temporada de despedida.

Serie A: un subcampeonato con sabor a poco

La liga italiana fue el principal escenario donde el Nápoles de Conte mostró su mejor versión, pero también donde quedaron expuestas sus limitaciones. El equipo cerró la Serie A 2025-2026 con 76 puntos en 38 jornadas, asegurando la segunda plaza por detrás de un Inter arrollador que se proclamó campeón con 87 unidades. La distancia final fue de 11 puntos, una diferencia que duele especialmente si se compara con la temporada anterior, cuando el Nápoles conquistó el scudetto por un solo punto de margen sobre el propio Inter.

Pero los números, aunque fríos, cuentan una historia más compleja. Este ha sido el primer curso completo en la carrera de Conte en el que su equipo no alcanza los 80 puntos en Serie A. Para un técnico que ha construido su leyenda sobre la base de la solidez y la regularidad, este dato es un aldabonazo. Sin embargo, no todo es negativo: el Nápoles logró la clasificación directa para la próxima Champions League, un objetivo que no estaba garantizado al inicio del curso. La victoria en la última jornada ante el Udinese (1-0, gol de Rasmus Højlund) sirvió para certificar el subcampeonato y para despedir a Conte con una victoria en el Diego Armando Maradona.

El balance liguero deja luces y sombras. En ataque, el equipo mantuvo su identidad ofensiva, pero la defensa, aquel sello de identidad de los equipos de Conte, no fue tan férrea como en campañas anteriores. El técnico lo reconoció en su despedida: «He fallado en una cosa: no he conseguido unir el ambiente. Hay personajes que destruyen este ambiente». Esa falta de cohesión interna, esa «poison» de la que habló en su última rueda de prensa, terminó por pesar más que cualquier planteamiento táctico.

Champions League: el gran fracaso europeo

Si hay un torneo que empaña el brillo de esta temporada, ese es la UEFA Champions League. El Nápoles, vigente campeón de Italia, regresaba a la máxima competición continental tras un año de ausencia con la ilusión de demostrar su valía en Europa. Pero la realidad fue cruel. Los partenopeos no superaron la fase liga —el nuevo formato que sustituye a la fase de grupos— y cayeron eliminados de forma prematura. El bagaje europeo fue escaso: apenas 8 puntos en la tabla de la fase liga, con 7 goles a favor y 12 en contra, una diferencia de goles que refleja a la perfección la fragilidad del equipo en el escenario continental.

Las críticas no se hicieron esperar. Para un técnico de la talla de Conte, que ha disputado finales de Champions y ha ganado todo en Italia, esta eliminación temprana es un borrón difícil de justificar. El propio entrenador, en declaraciones a la prensa, señaló que el ambiente enrarecido dentro del vestuario y las fricciones internas, especialmente tras el mercado de invierno, influyeron decisivamente en el rendimiento del equipo. La sensación es que el Nápoles llegó a Europa sin la frescura mental ni la intensidad física que caracteriza a los grandes equipos del continente.

Aun así, hay que poner en contexto: el Nápoles no es un club con la tradición europea de un Real Madrid o un Bayern Múnich. La Champions es un torneo que requiere plantillas largas, rotaciones inteligentes y, sobre todo, un vestuario unido. Conte reconoció que no pudo construir ese ecosistema: «Me di cuenta de que nunca podría controlar el ambiente. El momento en que no puedes hacerlo, que para mí es fundamental para luchar contra las superpotencias como Milan o Inter, me di cuenta de que no podía cambiar las cosas». Esa honestidad, tan característica del técnico, también es su mayor virtud y su mayor condena.

Supercopa de Italia: la alegría que endulzó el invierno

No todo fueron malas noticias. En diciembre de 2025, el Nápoles levantó su primer título de la temporada al conquistar la Supercopa de Italia. Los azzurri, campeones de la Serie A 2024-25, se enfrentaron al Bologna, vencedor de la Coppa Italia, y lo derrotaron por un contundente 2-0 en la final. Fue el segundo trofeo de la era Conte, después del scudetto de la campaña anterior.

El camino hasta el título no fue sencillo. En la semifinal, el Nápoles superó al AC Milan también por 2-0, mostrando una versión sólida y efectiva que recordaba a la del año del scudetto. Conte celebró el título con un mensaje claro: «Torneo impecable, pasamos una buena Navidad». Para la afición napolitana, esta Supercopa fue un bálsamo en medio de una temporada que empezaba a torcerse. Era la confirmación de que, al menos en los partidos a vida o muerte, el equipo de Conte seguía teniendo el ADN ganador.

El título también tuvo un valor simbólico: era el primer trofeo de la temporada y llegaba en un momento en el que las dudas comenzaban a aparecer. Sin embargo, no fue suficiente para cambiar el rumbo de una campaña que, vista en perspectiva, se quedó en tierra de nadie: ni el brillo de un scudetto ni la profundidad de un fracaso absoluto. Una Supercopa que, como el propio Conte admitiría meses después, no logró tapar las grietas internas del proyecto.

Coppa Italia: el torneo que pasó sin pena ni gloria

La Coppa Italia fue, probablemente, la gran olvidada de la temporada. El Nápoles apenas disputó un partido en el torneo —la primera ronda— y cayó eliminado de forma prematura. No hubo recorrido, ni emoción, ni oportunidad de soñar con una final. Para un equipo con la ambición del Nápoles, esta eliminación temprana es un fracaso menor pero significativo. La Coppa Italia, en muchas ocasiones, sirve como termómetro de la profundidad de la plantilla y de la capacidad del técnico para gestionar rotaciones. En este caso, Conte no logró que su equipo compitiera en tres frentes con garantías.

El torneo copero, sin embargo, no fue el centro de las críticas. La atención mediática y la exigencia de la afición se centraron en la Champions y en la lucha por el scudetto. La Coppa quedó en un segundo plano, casi como un trámite. Pero para un técnico que ha ganado cuatro scudetti y ha levantado títulos en Inglaterra, esta eliminación temprana es un recordatorio de que incluso los mejores tienen días malos. O, quizás, de que el Nápoles de 2025-26 no era el equipo infinito que parecía en la 2024-25.

El adiós: «He visto demasiado veneno»

El desenlace de esta historia llegó el 24 de mayo de 2026, tras la victoria por 1-0 ante el Udinese en la última jornada de Serie A. En una rueda de prensa conjunta con el presidente Aurelio De Laurentiis, Conte confirmó lo que era un secreto a voces: no continuaría en el banquillo napolitano«Hace un mes llamé al presidente y le dije que presentía que nuestro proyecto llegaba a su fin», declaró el técnico.

Las razones de su salida fueron más personales que deportivas. Conte habló de un ambiente envenenado, de personas que sembraban cizaña y de una incapacidad para unir al grupo«He visto mucho veneno, muchas malas hierbas: los que esparcen veneno son unos perdedores», sentenció. El presidente De Laurentiis, por su parte, reconoció que la decisión venía de semanas atrás y que incluso intentó convencer al técnico de que se tomara unos días de reflexión.

El balance total de la etapa de Conte en el Nápoles es de 91 partidos, con 54 victorias, 19 empates y 18 derrotas, además de 157 goles a favor y 101 en contra. Dos títulos (scudetto 2024-25 y Supercopa 2025-26) y una clasificación para la Champions que, aunque insuficiente, asegura la continuidad del club en la élite europea. Conte se marcha con el cariño de la afición pero con la sensación de que el proyecto, por razones ajenas al terreno de juego, no pudo completarse.

Reflexión final: un legado que trasciende los números

La temporada 2025-26 del Nápoles es un ejemplo perfecto de cómo el fútbol no se juega solo sobre el césped. Los números —subcampeón de Serie A, cuartos de Champions (eliminación en fase liga) y campeón de la Supercopa— son respetables, pero no cuentan toda la historia. Detrás de cada punto perdido, de cada gol encajado en Europa, hay un vestuario que no funcionó, un técnico que no pudo (o no supo) unir a su gente y una directiva que, quizás, no supo proteger a su entrenador.

Conte deja un legado imborrable: devolvió la ilusión a un Nápoles que parecía perdido tras el scudetto de 2023, ganó un título que el club no levantaba desde la era Maradona y devolvió a los partenopeos a la élite del fútbol italiano. Pero también deja preguntas: ¿pudo haber hecho más? ¿Era posible ganar el scudetto con este equipo? ¿La Champions era un objetivo realista? El tiempo, como siempre, pondrá cada cosa en su lugar.

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